Al devolver las poesías de Espronceda a una amiga
El blanco lirio que a la mar arrojas
no al tallo volverá do se mecía;
su perdido esplendor y lozanía
nunca recobran las marchitas hojas
Cuando tu vida de ilusión despojas
del encanto mejor que ella tenía,
no pretendas sentir como sentía
Elvira incomparable sus congojas
Hermosa tempestad para tu alma
fue aquel afecto que amistad llamaron;
luz de tu sueño, y de tus penas calma
Las dulces confidencias se acabaron
Murió la fe, se deshojo la palma
las nubes de zafir se disiparon.