Al estrago de la predicación evangélica

By Anastasio Pantaleón de Ribera

Pregúntasme, porque con tanto ahínco

repugné el predicar, pues bien podría

con un poco de crítica osadía

subirme al mayor púlpito de un brinco.

Confieso Anian, que los talentos cinco

son ya sólo una vana parlería;

mas con ella, que gana el alma mía,

pues si una flecha en las ajenas hinco.

Si al oído estragado me acomodo,

estrago la doctrina; si la templo

con sencillez, a las paredes hablo:

¡O Sacro oficio! ya profano en todo

es Comedia el Sermón, Teatro el Templo,

farsante el que predica, autor el Diablo.