Al excelentísimo señor Duque de Lerma en una fiesta de toros
Señor, si aun peligrando, resplandece
más útil, y más ardua tu osadía,
fausto se llame, no infeliz, el día,
que a examinar tu espíritu amanece.
Piadoso el riesgo, a su pesar, parece
que tu socorro de tu diestra fía;
si averiguarte de inmortal quería,
ya tu valor tu crédito merece.
Huyó tu brazo tímida la fiera,
y en el mismo desdén de la Fortuna,
su culpa, o su poder hiciste vano.
¡O qué gloriosamente desespera,
qué sabe de su esfuerzo, que ninguna,
será mejor ayuda que su mano!