Al juez supremo

By Julián del Casal

No arrancó la ambición las quejas hondas

ni el orgullo inspiró los anatemas

que atraviesan mis mórbidos poemas

cual aves negras entre espigas blondas

Aunque la dicha terrenal me escondas,

no a la voz de mis súplicas le temas,

que ni lauros, ni honores, ni diademas

turban de mi alma las dormidas ondas

Si algún día mi férvida plegaria

¡oh, Dios mío! en blasfemia convertida

vuela a herir tus oídos paternales,

es que no siente mi alma solitaria,

en medio de la estepa de la vida,

el calor de las almas fraternales.