Al mar en metáfora de un caballo
Espumoso caballo en quien procura
ser señal, como estrella, el norte frío;
carreras se lo imponen a tu brío
y pasos se le miden a tu altura
Formidable relincho es tu voz dura;
tienes, con extendido señorío,
una torcida crin en cada río
y en cada fuerte puerto una herradura.
Haces mil caracoles de contino;
paras fiel a la calma que te enfrena
y pisas lo que abate tu camino.
Pícate espuela el aire que te llena;
el hombre te inventó silla de pino
y Dios te señaló freno de arena.