Al matar el toro Felipe IV
En denuedo alevoso, en campo abierto
cedió sólo a tu imperio soberano
el bruto, que a su rey osó tirano
quitar la monarquía del desierto.
Más al aplauso que al destrozo muerto,
la misma brevedad le halló temprano;
que en las glorias, Felipe, de tu mano
nada menos que admira que el acierto.
La fiera, al real estrago agradecida,
lisonja hizo al morir, y no violencia,
que antes llegó la muerte que la herida.
Y al brazo que ni al orbe es resistencia,
feroz rindiendo la rebelde vida,
muerte no pareció, sino obediencia.