Al mismo tema

By Juan Pérez de Montalbán

Los campos de Madrid, Isidro santo,

cielos son ya, pues nuncios de los cielos,

rompiendo nubes y rasgando velos,

bajan con risa por lograr un llanto.

Y tanto alcanza Isidro, y puede tanto,

que mientras forma en éxtasis desvelos,

siente el campo lisonjas y consuelos

con injurias de arado sacrosanto

Y así destina Dios grato a un deseo

glorias a Isidro, agricultor astuto,

y ofreciendo su amor le da el trofeo

Rindiendo sus deseos el tributo,

cogiendo en Dios sus gozos el empleo,

sembrando aquí sus lágrimas, el fruto.