Al mismo tema
Los campos de Madrid, Isidro santo,
cielos son ya, pues nuncios de los cielos,
rompiendo nubes y rasgando velos,
bajan con risa por lograr un llanto.
Y tanto alcanza Isidro, y puede tanto,
que mientras forma en éxtasis desvelos,
siente el campo lisonjas y consuelos
con injurias de arado sacrosanto
Y así destina Dios grato a un deseo
glorias a Isidro, agricultor astuto,
y ofreciendo su amor le da el trofeo
Rindiendo sus deseos el tributo,
cogiendo en Dios sus gozos el empleo,
sembrando aquí sus lágrimas, el fruto.