Al pintor Francisco Pacheco
En tanto, nuevo Apeles, que, ocupado
en las ideas, tu ingeniosa mano
les formas cuerpos que, al juicio humano,
vence al original cualquier traslado.
La Fama, que de ti tiene el cuidado,
ligera rompe por el aire vano,
dilatando tu nombre soberano
del Etíope adusto al Scita helado.
Rinde, pues, caro amigo, al alto Cielo
divinos dones, por la larga suma
de partes que te dio dignas de gloria.
Yo, por la mía, con el bajo vuelo
de esta mi tosca y mal cortada pluma,
celebraré, Pachecho, tu memoria.