Al repentino y falso rumor de fuego que se movió en la Plaza de Madrid en una fi...

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Verdugo fue el temor, en cuyas manos

depositó la muerte los despojos

de tanta infausta vida. Llorad, ojos,

si ya no lo dejáis por inhumanos.

¿Quién duda ser avisos soberanos,

aunque el vulgo los tenga por antojos,

con que el cielo el rigor de sus enojos

severo ostenta entre temores vanos?

Ninguno puede huir su fatal suerte;

nada pudo estorbar estos espantos;

ser de nada el rumor, ello se advierte.

Y esa nada a causado muchos llantos,

y nada fue instrumento de la muerte,

y nada vino a ser muerte de tantos.