Al retrato de Pedro de Valencia, ceramista de Su Majestad
De este lienzo la voz, o peregrino,
pórfido calla, bien que no la vida,
hoy del primer pincel restituida,
robada ayer del último destino.
El que admiras silencio, ya ladino
habla en la docta imagen, que mentida
en su primera forma, o repetida
finge la humanidad viviendo el lino.
La verdad de esta copia muda yace
aun más que en el pincel que se eterniza
en breve espacio de sepulcro breve.
O no el sepulcro, Pedro, se embarace,
el cielo sí, de tu inmortal ceniza,
que el menos grave pórfido no es leve.