Al sepulcro de Lope de Vega
Este que en decoroso monumento,
siendo ceniza, se habilita llama,
al peso que da luces a la fama,
añade compasión al sentimiento.
Fue su accidente su merecimiento,
no el dolor fue el veneno que le inflama,
que a quien grande la voz del orbe aclama,
parece que el vivir dura violento.
Este es el mismo llanto y el llorado;
sus méritos dirá su infeliz suerte,
no tuvo que envidiar, y fue envidiado.
Su admiración en llanto se convierte,
de todos fue en la vida venerado,
y nadie le premió, sino es la muerte.