Amor fugitivo

By José Cornelio Díaz

Amor huyó de su mansión de Gnido:

viendo su culto y aras profanadas,

recogido el carcaj, con las doradas

alitas cubre el pecho dolorido:

Los ojos vuelve en llanto sumergido,

al ver por almas crueles, despiadadas,

al engaño y perfidia abandonadas,

su templo a vil codicia prostituido.

Del voluble querer, la fe perjura

vese por la maldad entronizada

en lugar de tiernísimos amores:

La tierra es un desierto, una espesura

de serpientes y monstruos habitada;

doquier hay solo amargos sinsabores