Amor maternal
Cuatro fúnebres cirios macilentos,
alumbraban el cuerpo de la muerta,
acentuando en su faz pálida y yerta
las huellas que grabaron los tormentos
Sobre la majestad de los momentos,
de aquellos cirios a la luz incierta,
se oyeron avanzar hasta la puerta,
de supremo dolor, vivos lamentos.
Con los ojos nublados por el llanto,
un hombre penetró en la alcoba fría
Su pecho lanzó un grito sacrosanto,
y al pronunciar sus labios: ¡Madre mía!
la gente pudo ver con hondo espanto,
que el rostro de la muerta sonreía.