Anima stultorum

By Vicente Colorado

¡El alma es inmortal!, me repetía

un necio que conmigo disputaba;

y mi razón ante él se sublevaba

con frases de amarguísima ironía

¡Qué el alma es inmortal!, yo me decía;

esa sola desdicha nos faltaba,

que el necio (y de hito en hito le miraba)

llegase a eternizar su tontería.

Después me habló de Dios (¡era preciso

oírle) y de las penas del Infierno,

y dijo lo que quiso y como quiso;

mientras que yo, para mi fuero interno,

como Dante, leí en el Paraíso

estas palabras: Tonticomio eterno