Ante la momia del emperador Carlos V

By Manuel del Palacio

¡El es! ¡Lo reconozco! Aún en su mano

la huella se adivina de la espada;

aún fulgura la luz en su mirada,

que impresa en lienzo nos dejó Ticiano.

De su altivez el gesto soberano

aún conserva la boca desdentada

¡Pluguiese al cielo que su diestra armada

de nuevo soterrase al africano!

Quedó su historia en bronces esculpida;

como la sombra al alejarse crece;

quien a verlo llegó nunca le olvida.

La tumba al encerrarle se estremece,

y fue tan grande y poderoso en vida,

que hasta después de muerto lo parece.