Antes muerta que hartura y así acaece a muchas
Entre unos centenales yo vi un día
dos hombres y una moza hermosa entre ellos;
jamás faltaba encima el uno dellos:
cuando acababa el uno, otro subía.
Cada cual su deber muy bien hacía,
mas pudo tanto más ella que ellos,
que, después de cansallos y vencellos,
aun le quedaba brío y lozanía.
«Cansada (dijo) estoy: cosa es posible,
que no hay tal ejercicio que no canse,
por más que sea gustoso y deleitable;
pero quedar contenta, es imposible:
que el apetito mío es insaciable,
y no consiente el cuerpo que descanse.»