Antonio y Cleopatra
Recibe, ¡oh, mi Cleopatra!, la postrera
respiración del pecho enamorado,
que justamente al cielo ha decretado
que el que vivió a tu luz, a tu luz muera
La fama quiso el hado que mintiera,
que fuera grande impropiedad del hado,
que yo muriera, cuando desdichado,
y así aguardóme a que dichoso fuera.
Dichoso, pues, que muero, cuando miro,
que quedas viva tú, que de otra suerte,
fuera morir dos veces de una herida.
Beban tus labios mi último suspiro,
será quedando en ti dulce mi muerte,
y tú de entrambos vivirás la vida.