APOTESIS
Ya estás durmiendo en el solar, señora,
que soñaste en la eterna despedida,
y ya en tu esposo se labró la herida...
¡oh, triunfos de la Triste Segadora!
Ya la Nación su desventura llora;
Cebú te abre su entraña estremecida,
y he aquí a los diez amores de tu vida,
que te buscan aurora tras aurora.
Como una llama a otras cien alienta,
sin que el caudal origen se resienta,
tú derramaste tus preclaros dones.
Sí, esposa del Caudillo, honras mi Historia,
como mujer, al fin, portas en gloria
a la Mujer de todas las Naciones.