Ardor disimulado de amante

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Salamandra frondosa y bien poblada

te vio la antigüedad, columna ardiente,

¡oh Vesubio, gigante el más valiente

que al cielo amenazó con diestra osada!

Después, de varias flores esmaltada,

jardín piramidal fuiste, y luciente

mariposa, en tus llamas inclemente,

y en quien toda Pomona fue abrasada.

Ya, fénix cultivada, te renuevas,

en eternos incendios repetidos,

y noche al sol y al cielo luces llevas.

¡Oh monte, emulación de mis gemidos:

pues yo en el corazón, y tú en las cuevas,

callamos los volcanes florecidos!