Ausencia

By Manuel del Palacio

¡Todo un día sin verte, dueño amado!

¡Cuán triste va cayendo el Occidente

la moribunda luz del sol poniente

que aún ayer contemplaba embelesado!

¡Qué marchito y desierto miro el prado

junto a ti tan hermoso y floreciente!

¡Qué lúgubre murmura la corriente

del bullicioso arroyo desatado!

Cuando pienso, mujer, que sólo un día

tanta mudanza y tal ha producido,

siento no siento nada, prenda mía;

pues ¿hubiera este amor en mí nacido

si Dios no me enseñase que podría

triunfar con él del tiempo y del olvido?