BALINTAWAK
¡Tu vives! Mientras Átropos maldita
hila y la nueva gente te rechaza,
te embriagas del olor de sampaguita,
Balintawak, legado de una raza;
de una raza mejor que esta que incita
a sellar nuestros labios con mordaza,
a hacer de cada hogar, lugar de cita,
y volver cada templo en una plaza.
Antes de renunciar tu estirpe recia,
como en los cuentos de la vieja Grecia,
(símbolo de una raza que se va),
ven a mis brazos rústicos de atleta,
se tú la Musa, yo seré el poeta,
de una cresta que nunca morirá.