Bruto, primer cónsul

By Joaquín Lorenzo Luaces

Muestra el puñal en sangre purpurino,

Bruto, al pueblo en el foro congregado,

en el turgente pecho sepultado

de la esposa infeliz de Colatino

Al clamor del romano y del latino

que rugen como tigre desatado,

apenas, entre «vivas» sofocado,

se escucha el grito del audaz Tarquino

Se conmueven los bosques seculares,

retiembla estremecido el Capitolio,

al mar se arroja alborozado el Tibre.

Y elevando las fauces consulares,

el héroe dice, derribando el solio:

¡Lucrecia a muerto, pero Roma es libre!