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Despide el monte la dorada selva;
honor ilustre de tu hermosa frente,
y al parto de sus ramas insolente
en fuego pide, que los campos vuelva.
mandó al furor, que sin piedad envuelva
al verde huésped en ceniza ardiente:
y al paso del incendio diligente,
en sombra el noble ornato se resuelva.
Ya por los aires, que ofendió al Vesubio,
la fatiga común, que desperdicia,
desmiente el resplandor el Horizonte.
Mas no es culpable el trágico diluvio,
pues sufre de los hombres la codicia,
tercero engaño a la verdad de un monte.