Canción de la humana esperanza
No todo está perdido, pues nos queda
la luz de este crepúsculo morado,
el viento de la tarde en el sembrado,
algún racimo , el sol tras la arboleda
Somos felices mientras que se pueda
mirar el fuego vivo de un dorado
mundo sobre las sombras derramado
No todo está perdido; algo nos queda
Verdad que no oficiamos en el ara
del templo idealizado aquella cara
religión que en silencio es nuestra y arde
No es la tierra lugar propicio al vuelo
Pero, ¡cómo nos va llevando al cielo
este lento morirnos tarde a tarde!