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By Gutierre de Cetina

Vuestro nombre, señora, que asegura

cuanto vuestra beldad hace dudoso,

demás de aquel mirar dulce y piadoso

han sido la ocasión de mi tristura.

Temía, y con razón, esta aventura,

puesto que fue el principio venturoso;

no era por mi parte temeroso,

mas de parte de vuestra hermosura.

El alma, en el tormento ejercitada,

de nueva sujeción quería librarse,

del antiguo error escarmentada.

Pero ¿cómo podía decir salvarse

quien tanto del primero mal se agrada

y no quiere de vos saber guardarse?