Chío

By Ángel de Estrada

Ni un árbol, ni una flor, ni una sonrisa

en el color de la montaña adusta;

serena el alma la retrata augusta,

con sus flancos y cumbres de ceniza

Ya no es sagrada su ligera brisa,

y a septicorde lira no se ajusta;

ciego el aeda, de expresión vetusta,

se desvanece en el peñón que pisa.

Sólo nieves que vienen desde Troya

aprovechando cual marmórea joya

la cumbre le hacen al pasar un velo;

ondulante la sombra se refleja,

y es gracia de la gloria que semeja

sobre la cuna del cantor, el cielo.