Chipre

By Ángel de Estrada

Es la aurora No arriban las galeras;

Chipre no alienta a mis fervientes ruegos;

no arde el altar con los sagrados fuegos

el invierno mató sus primaveras.

Ni las danzas, aladas por ligeras,

mueven el ritmo de los cuerpos griegos,

atormentando el alma de los ciegos

que aspira, como en flor, las cabelleras

Y de la isla, que la lluvia azota,

en vez del canto de la Grecia, brota

de Otelo el grito del amor salvaje,

que, llamarada de candente infierno

dominando el furor del oleaje

vibra más cerca, pero más eterno.