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El hombre fue de dos principios hecho,
tales que, con jactancia verdadera,
a sus ojos le alegra cualquier fiera,
y cualquier planta parentesco estrecho.
Pero cuando él reconoció en su pecho
la gran porción del fuego de la esfera,
vio, con admiración de ver lo que era,
que a la divinidad tiene derecho.
Haz pues que con trocado ministerio
a la vaga altivez del albedrío
el sentido inferior no tienda redes,
y cuando él pretendiere ¡oh Fabio mío!
hacerte siervo, acuérdate que puedes
mirar esas estrellas con imperio.