- CI -
Cansadas horas de mis tristes días,
que no tenéis más bien que ser pasadas;
piedad inútil sois, si lastimadas
seguís sus fugitivas alegrías.
Dad campo de batalla mis porfías
contra mis cortas dichas malogradas,
que fueron como muchas, desdichadas,
y como pocas, más pues fueron mías.
A mi escarmiento se rindió mi engaño;
no más seguridad, si humilde quedo,
sordo el temor, y sin poder quejarme.
Y aun no vivo contento de mi daño,
pues me ha faltado para el propio miedo
conocer que lo estaba, y no enmendarme.