- CII -
Mostró el rigor del cristalino hielo
el oprimido Tajo, que solía
ver contra sí la sepultura fría
del hijo osado del Señor de Delo.
Cansado de alumbrar el ancho suelo,
llamó a la noche el importuno día,
y obedeciendo en todo a su porfía,
de pardo en negro convirtió su velo.
Ya del mar los vecinos por su arena
confusos buscan con turbado modo,
seguro albergue en la morada oscura.
Y cuando el viento más los desordena,
llegó Amarilis, y ablandóse todo,
sola su condición quedó más dura.