- CIII -
Tendrás, amigo Julio, a maravilla
que sin necesidad uno prefiera
peñascos, vientos y tormenta fiera
al dulce puerto, a la segura orilla.
¿Qué dirás si su pobre navecilla
no es fábrica de hierros y madera,
sino de sutil vidrio, y si la hubiera,
de materia más frágil y sencilla?
Dirás que tan notorio desatino
no puede suceder; porque no miras
en tus designios y esperanza vana.
¡Oh ingrato al cielo, que al naufragio aspiras!
¿No ves que es vidrio el ímpetu marino
esto que acá llamamos vida humana?