- CIII - En ocasión de haber quemado una dama el papel que escribía a su galán, ...
Dicha fue de mi fe contra tu incendio
la contingencia del papel trocado,
que cualquiera consuelo imaginado
puede desvanecer mi pensamiento.
No porque mire mi cobarde aliento
a la esperanza con semblante osado,
ni que afloje las cuerdas al cuidado,
es lisonja, que pido a mi tormento.
Por poner al incendio mis finezas,
(que estando ellas ardiendo en fuego eterno
no las pudiera ocasionar recelo).
La llama consumió tus asperezas
con agüero feliz, porque el engaño
mostró, que puedes encender el hielo.