- CIII -
Esta es el agua cristalina helada,
que la sierra de Cuenca al mar envía;
esta la orilla verde, que a porfía
con sombras acompaña su jornada.
Esa la dulce soledad amada,
que apenas vio la claridad del día;
esta la arena, a quien la pena mía
con lágrimas de amor deja bañada.
Esta es al fin aquella triste parte,
que pudo dar principio a tantos males;
al tiempo miedo, y al amor tristeza.
Su furia siento, y temo que reparte
a Filis el huir de sus cristales,
y a mí de arena, y trocos la firmeza.