Cleopatra y Marco Antonio – I
La reina de los frívolos antojos
en el festín con báquida apostura
se levanta Pasión, fiebre y locura
arden en los abismos de sus ojos
Manda, y la nubia esclava ya de hinojos,
en almirez de pórfido tritura
la regia perla El polvo que fulgura
del vino escarcha los reflejos rojos
-Quiero, Antonio, brindar- dijo, en el suave
néctar de Clío revolviendo, altiva,
la más preciada perla de su erario
-¡Qué mis culpas de amor la muerte lave,
y Cleopatra en gloria así reviva
blanca y perenne como el mármol pario!