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By Fernando de Herrera

Cuando miro el fino oro al manso viento

en lucientes rieles esparcido,

o en hermosas lazadas recogido,

mil causas justas hallo a mi tormento.

Cuando la llama y luz de puro aliento

rutilar veo en torno, y que el vencido

pecho tiene en su fuego convertido,

mil causas justas hallo al mal que siento.

Cuando escucho la angélica armonía

y admiro el valor vuestro y gentileza,

mil causas hallo justas a serviros.

Mas cuando en la humildad contemplo mía

y en vuestro dulce afecto y su nobleza,

no hallo causa justa a más suspiros.