- CLVII -

By Fernando de Herrera

Clara, süave luz, alegre y bella,

que los zafiros y color del cielo

teñís de la esmeralda con el velo,

que resplandece en una y otra estrella;

divino resplandor pura centella

por quien libre mi alma, en alto vuelo

las alas rojas bate y huye el suelo,

ardiendo vuestro dulce fuego en ella;

si yo no sólo abraso el pecho mío

mas la tierra y el cielo y en mi llama

doy principio inmortal de fuego eterno,

¿por qué el rigor de vuestro antiguo frío

no podré ya encender? ¿Por qué no inflama

mi estío ardiente a vuestro helado invierno?