- CLXIII -

By Fernando de Herrera

Oye tú solo, eterno y sacro río,

el grave y mustio son de mi lamento,

y mezclado en tu grande crecimiento

lleva al padre Nereo el llanto mío.

Los suspiros ardientes, que a ti envío,

antes que los derrame leve viento,

acoge en tu sonante movimiento

porque se esconda en ti mi desvarío.

No sean más testigos de mi pena

los árboles, las peñas, que solían

responder y quejarse a mi gemido,

y en estas hondas y corriente llena,

a quien vencen mis lágrimas porfían,

viva siempre mi mal y amor crecido.