- CLXVI -

By Fernando de Herrera

Dichoso fue el ardor, dichoso el vuelo

con que, desamparado de la vida,

dio Ícaro en su gloria esclarecida

nombre insigne al salado y hondo suelo.

Y quien despeñó el rayo desde el cielo

en la onda del Eridano encendida,

que llorosa lamenta y afligida

Lampecie, en el hojoso y duro velo.

Pues de uno y otro eterna es la osadía

y el generoso intento, que a la muerte

negaron el valor de sus despojos,

yo, más dichoso en la alta empresa mía,

que hasta el Olimpo me encumbró mi suerte

y ardí vivo en la luz de vuestros ojos.