- CLXXVIII -

By Juan de Tassis y Peralta

Voces mal admitidas de sirenas,

letargo envejecido de mil años,

torcer el rostro a vivos desengaños

y sólo apetecer injustas penas,

ya no más: la razón abrió mis venas

donde, convaleciente de sus daños,

fuerza de agravios, sinrazón de engaños,

muros pudo romper, abrir cadenas.

Costoso sí, mas advertido ejemplo,

mi yerro ofrece a los atentos ojos,

cuando a la luz de aviso me consagro,

la pared ilustrando al mejor templo,

escarmentadas quejas por despojos,

cuya tabla será el mismo milagro.