- CLXXXIII -

By Juan de Tassis y Peralta

Oh tú, que por dejar purificado

y libre al hombre de la eterna pena

en tu inocencia dio la culpa ajena

mano sangrienta a juez apasionado.

Perfecciona, Señor, ya que has lavado

en el ardiente influjo de tu vena

la mejor parte, y rompe la cadena

de propios yerros, ánimo alumbrado.

Sacar debe tu auxilio del abismo

de culpas un sujeto, cuyo olvido

tiene desmerecida tu memoria;

que la gracia la debes a ti mismo,

pues no debe el remedio ser perdido

que la pena formó para mi gloria.