- CLXXXIX - A San Isidro de Madrid
Los campos de Madrid, Isidro santo,
de querúbicas manos cultivados,
fieles responden hoy a tus arados
fruto de gloria por sazón de llanto.
Previsto, agricultor, logra, pues, cuanto
el cielo debe a surcos nivelados,
que Elíseos, que diáfanos collados
nunca dan menos a quien siembra tanto.
Rústicas ya supliéndole fatigas
jornaleros del gremio soberano,
en cuanto rinde al cielo alto tributo,
a sacro labrador le dan espigas
de empíreo campo al mismo Cristo en grano,
sembrando aquí sus lágrimas el fruto.