Coloquio del Beato Diego José de Cádiz, con su crucifijo

By Cayetano Fernández

Deja beber tus lágrimas divinas,

y su raudal ablande el pecho duro

¡Ay! permite también al labio impuro

besar de tu corona las espinas

Si abandonado y sólo te imaginas,

héteme aquí que, de tu amor seguro,

el cáliz del dolor sediento apuro

por si la tierra a perdonar te inclinas.

Al verte en esa Cruz, mi Bien, yo creo,

remóntase hasta el cielo mi esperanza

y el corazón te rindo por trofeo.

Ven, pecador, y abrevia tu mudanza;

que, aunque de negro crimen fueses reo,

quien le pide perdón, perdón alcanza.