Consolación

By Federico Balart

No prodigues tus lágrimas en vano,

pobre Antonio, por leves sinsabores,

ni humilles tu altivez a los rigores

de áspera condición y de odio insano

Recobra de tu espíritu lozano

la serena quietud, y nunca llores

mientras mi amor ofrezca a tus dolores

brazos de amigo y corazón de hermano

¡Llora ¡ay! cuando al deber y a las ideas

sacrifiques tu bien, y, en torpe juicio,

tu ofrenda santa escarnecida veas!

¡Llora cuando, ciñéndote el cilicio,

befado expires, y expirando creas

que el mismo Dios rechaza el sacrificio!