Cuatro sonetos traducidos de Vicenzo Monti – III

By Marcelino Menéndez Pelayo

Después que recobrado el alma había

la carne y huesos que en la muerte arroja,

la gran sentencia apareció en la impía

frente, en arruga transparente y roja

A aquella vista, como débil hoja

la multitud infiel se estremecía:

cual en las plantas que el Cocito moja,

cual en el hondo lago se escondía.

Vergonzoso intentaba aquel precito

arañando su rostro con la mano

borrar la tersa marca del delito,

más y más la aclaraba su afán vano:

que Dios entre sus sienes la había escrito;

ni sílaba de Dios borra el humano.