Culto inmortal

By Antonio de Maluenda

Bien como el can fiel que se ha perdido,

solícito, continuo y anhelando,

va con torcidos pasos rastreando

el olor de su dueño conocido:

que aunque esté con halagos detenido

adonde le acogieron lisonjeando,

sintió apenas la voz del amo, cuando

sale a buscarle alegre y desvalido,

así mi corazón que, enajenado

de su bien, por industria o por engaño,

hasta ahora moró en poder ajeno,

en recibiendo del semblante amado

un rayo que destierra el desengaño,

adora el sol que enriqueció su seno