Culto inmortal
Bien como el can fiel que se ha perdido,
solícito, continuo y anhelando,
va con torcidos pasos rastreando
el olor de su dueño conocido:
que aunque esté con halagos detenido
adonde le acogieron lisonjeando,
sintió apenas la voz del amo, cuando
sale a buscarle alegre y desvalido,
así mi corazón que, enajenado
de su bien, por industria o por engaño,
hasta ahora moró en poder ajeno,
en recibiendo del semblante amado
un rayo que destierra el desengaño,
adora el sol que enriqueció su seno