- CV - A una señora que cantaba
La peregrina voz, y el claro acento
por la dulce garganta despedido,
con el suave afecto del iodo,
bien pueden suspender cualquier tormento.
Mas el nuevo accidente que yo siento
otro misterio tiene no entendido,
pues en la mayor gloria del sentido,
halla causa de pena el sentimiento.
Efectos varios, porque el mismo canto
deja, en la suspensión con que enajena,
cuerdo el enloquecer, la razón loca.
Y por nuevo milagro o nuevo encanto,
cuando la voz más dulcemente suena,
con ecos de dolor el alma toca.