- CVIII -
Esta no es culpa, aunque su inmensa pena
a inmortales asuntos me destina,
si amar hombre mortal beldad divina
en tus leyes, Amor, no se condena.
Estrella, pues, de luz siempre serena,
a venturosa muerte me encamina,
Fénix etérea, pompa peregrina,
de los bosques deidad, del mar sirena.
Los montes la veneran cazadora,
las selvas ninfa y diosa las riberas;
próvido amor le rinde sus despojos.
La suya venturosa edad honora,
la que en orbes de luz formando esferas,
rayos vibra, que rayos son sus ojos.