- CXII - A la muerte trágica del Marqués de Camarasa
El Rayo no se atreve a lo sagrado,
respetando el laurel su verde rama,
y antes le alarga el fuego de su llama,
que le mire en cenizas desatado.
más ah, Parca cruel, ah duro Hado,
que riguroso lo Celeste infama,
y estrella, que amenaza, y que derrama
rayos de muerte, mutación de estado.
Al Solio Real, y Soberano asiento,
impulsos de engañada fantasía,
se elevan escalando el firmamento.
Alientan los Gigantes su osadía,
mas lo que castigó su atrevimiento,
postrando a rayos tanta felonía.