- CXL - A una dama hermosa que murió ahogada en una tormenta
Muerto yace el Amor, muerta la vida,
y las flores, que fueron pompa ufana,
y cuidado al albor de la mañana,
pálidas sombra son, grana mentida.
Murió no de dolor, menos de herida,
aquella Celestial bella Serrana,
deidad del monte en juventud lozana,
en urnas de cristales sumergida.
¡O crueldad, o dolor, o pena dura!
¡o pérfido dolor, o marga suerte!
que así dispensas tan atroces males.
Nise tiene en las aguas sepultura,
¿adónde no estará decid la muerte,
si la vida quitáis blandos cristales?