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By Gutierre de Cetina

Mientras que de sus canes rodeado

el mísero Acteón seguro andaba,

mientras con más amor los regalaba

por habérselos él mismo criado,

habiendo, por su mal, un día mirado

la beldad que a una fuente se bañaba,

de aquellos de quien él más se fiaba

se vio el triste, a la fin, despedazado.

Tal obra hace en mí mi pensamiento,

tan regalado mío y tan querido,

tan confiado yo de sus hazañas,

que en viendo la ocasión de mi tormento,

airado luego me ha desconocido

y así me despedaza las entrañas.